Revuelto de leche

Otra estupenda idea para el desayuno-almuerzo:

Un zumo de naranja recién exprimido, un kiwi y una tosta de pan con revuelto de leche.

¿Cómo hacer el revuelto? Es muy fácil:

Mezcláis un huevo batido con una tacita pequeña de leche y lo cuajáis en la sartén con un poco de aceite de oliva. Una pizquita de sal y… buen provecho.

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Sandwich mixto

“Vaya receta” estarán pensando algunas de mis seguidoras mientras leen ésto.

No, no quiero enseñados cómo hacer un sandwich de jamón y queso. Aunque pensándolo bien, sí que os diré que hace tiempo tenía la típica sandwichera para hacerlos, pero cuando se estropeó, como no soy partidaria de tener la cocina llena de cachivaches,  opté por hacerlos en una sartén de las de hacer tortitas. La unto con mantequilla pongo los panes a fuego lento y con mucha paciencia me salen buenísimos. Para que el queso quede cremoso lo que hago es ponerlo junto al pan calentito, es decir queso-jamón-queso en lugar de jamón-queso-jamón, ¿entendéis?

Pero lo que realmente quería blogear es que aproveché que mis hijos tenían examen, y llegaron a casa sobre las 11 h. hora de almorzar, para sorprenderles con un zumo de naranja y un par de sandwiches. ¿A quién no le gusta que le mimen un poco?

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¿Ya has pensado a quién vas a mimar hoy?

Pan con tomate

Hoy día 11 del mes 11, día de San Martín, es el santo y sería también el cumpleaños de mi abuela Martina D.E.P. así que ya que le debo parte del título de este blog he pensado dedicarle esta entrada.

No tengo ningún recuerdo suyo porque murió al poco tiempo de que yo naciera, pero mi madre me solía contar lo preocupada que estaba cuando nací, porque fui prematura y no se me notaban las uñas ni las cejas. Como después de salir del Hospital me tenían que llevar al pueblo, ella preguntaba: “pero, ¿cómo os la vais a llevar?” y le contestaba mi padre: “pues en una maleta abuela, es tan pequeña que cabe en una maleta“. También me cuentan que como en aquella época no había incubadoras me ponían calor con una bolsa de agua y una de las veces que estaba llorando porque me quemaba ella se dio cuenta.

He pensado dedicarle este desayuno. En su época la leche era por supuesto de las vacas que tenían en casa, de esa que tras hervirla sacaba una nata por encima que luego se comía con azúcar, y seguro que acompañaban la leche con sopas de pan duro, también hecho en casa, nada de pan con tomate, si acaso con aceite, y nada de zumo de naranja, que las naranjas no eran de la zona y muchas veces me ha contado mi padre que su regalo de Reyes era precisamente una naranja, imaginemos el valor que tendría. Lo que quizás si que tomaban era las nueces con miel, pero como dicen mis hijos “aquellos eran otros tiempos”.

Chocolate con picatostes para el domingo

Cuando era pequeña los domingos y días festivos eran muy especiales, totalmente diferentes al resto de días de la semana.

Ya por religión era un día en el que había que descansar, porque así lo hizo Dios cuando creó el mundo, e ir a misa, pero había muchos más detalles que lo hacían especial. En cuanto a la ropa y los zapatos había una clara distinción, la ropa de los domingos no se ponía entre semana y si había algo que estrenar siempre se hacía en día festivo. Hoy mis hijos se ponen el mismo tipo de ropa todos los días y cuando compramos algo lo estrenan en cuanto salimos de la tienda.

También en mi casa había una “comida de domingo”. Era bastante frecuente comenzar el desayuno con un rico chocolate con picatostes y dejo como recuerdo que siempre lo acompañábamos con un vaso de agua con azúcar. Los picatostes también me traen el recuerdo de mi suegro, que siempre nos los preparaba cuando dormíamos en su casa.

Y para ricos picatostes con chocolate los que he tenido el placer de degustar en el restaurante Félix el segoviano, (Don Picatostes con Chocolate, marca registrada) en Navacerrada (Madrid).

Después de ir a misa era bastante común “tomar el vermú” o lo que fuese, mejor si estaba acompañado de un pincho caliente con una raba, gamba en gabardina y croqueta. Y volver a casa con el paquete de pastelitos.

Hubo una época en la que a mi madre le dio por poner sopa, ensaladilla rusa y redondo de ternera en salsa. Y también recuerdo que íbamos al bar Benja a comprar una gaseosa. Llevábamos la botella vacía, porque de lo contrario te cobraban el casco, eso sí que era reciclar, o mejor dicho, reutilizar. Y ése era el capricho de domingo.

Las tardes las recuerdo mas bien tristes y durante muchos muchos años unidas al viaje, a la despedida. Primero me despedía de mis padres, que se iban al pueblo y yo me quedaba en la ciudad para estudiar, para prosperar, como decía Miguel Delibes en su libro “El Camino”. Más tarde me despedía de mi novio, que trabajaba en otra ciudad. Luego yo también le acompañaba y me despedía de mis padres y de mis suegros. Y para rematar la tristeza el fútbol retransmitido por la radio y las interminables cantinelas de goooolllllll.

Hoy en día me pongo ropa cómoda y aprovecho generalmente para limpiar y cocinar para el resto de la semana. Y por la tarde una buena siesta en el sofá.

Feliz domingo.